martes, 17 de diciembre de 2013

Al joven genio: ¿Lo dejarán continuar?


Por Lorena Barboza
Educadora y periodista
Gran negocio...
 


Su descubrimiento podría revolucionar la medicina y, de paso, afectar a la millonaria industria médica.  Pero una cosa es lo que él ha hecho, o sea su invento, y otra llevarlo a la práctica… 

Jack Andraka, un joven de 16 años y nacido en Crownsville, Maryland, inventó un sensor de papel con el que se pueden detectar, en cinco minutos, el cáncer de páncreas, de ovario y de pulmón.  Poca difusión se ha dado a este hecho.

Andraka pudo desarrollar su invento utilizando los buscadores de la Internet y el laboratorio de su colegio.  No necesitó grandes inversiones de dinero, tan solo pasión, dedicación y perseverancia ya que de las solicitudes que hizo a 200 profesores de Johns Hopkings University y del Instituto Nacional de Salud, para que lo ayudaran con su proyecto, tan solo el profesor Anirban Maitra, Profesor de la Escuela de Medicina de la Johns Hopkins lo apoyó. 

Curar es el arte de la medicina; los médicos y las multinacionales farmacéuticas son los directamente involucrados en esa loable y humana tarea; sin embargo, son muchas las informaciones que señalan que la salud significa solamente un gran negocio para muchísimos de ellos. 

¿Por qué si la salud y la vida de las personas son sagradas, se permiten las patentes relacionadas con medicamentos, análisis y pruebas?  Es lógico y necesario que se destine dinero a la investigación, pero eso no significa que deban recuperar esa inversión multiplicada por ‘n’.  Hoy, el sensor tiene su patente en trámite; lástima que no la obtuvo la Organización Mundial de la Salud (OMS) para haberlo ofrecido, sin grandes costes, al mundo como ocurrió con la vacuna contra la malaria.

Vamos a esperar.  Ojalá el joven defienda su proyecto y sea consecuente con lo que ha mencionado en varios de sus discursos, en los que ha dicho que la ciencia no debería ser un lujo y que “el derecho de acceso a la información debe ser de todos, no sólo de los que pueden pagar”.  Quizá el ser parte de una familia dedicada a la ciencia lo libre de las garras del negocio súper millonario de las farmacéuticas. 

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