sábado, 22 de marzo de 2014

No se deje embaucar

Por Gerardo Barboza
Educador   
Johann Wolfgang von Goethe dijo en su época que “Un hombre vale por tantos hombres cuantos idiomas posee”. En el presente siglo, lo expresado por Goethe no solo mantiene su validez para hombres y mujeres por igual, sino que además toma mayor relevancia para el desarrollo del plurilingüismo y la pluriculturalidad. 

Una gran mayoría de costarricenses aspiran, por ejemplo, a poder comunicarse en varios idiomas, sea, por ejemplo, por razones académicas, profesionales, intelectuales, o laborales. 
Cualquiera que sea la razón, los esfuerzos para hacer realidad esa aspiración son de buena fe. Aceptan, para lograr comunicarse en el idioma de su elección, los requerimientos establecidos –muchas veces no negociables– por el proveedor del servicio. 
Empero, luego de varios meses de cumplir con los requisitos impuestos, aún así, la meta se vuelve, en su lugar, más difícil de alcanzar. 
¿Qué sucedió? Distintas pueden ser las causas del fracaso. Dentro de aquellas atribuibles al estudiante, pueden incluirse la dificultad para aprender una lengua distinta a la materna, la falta de recursos económicos para hacer continuo el esfuerzo, la actitud negativa hacia la lengua que estudia, la desmotivación generada por las malas experiencias en el pasado, y la tediosa y reciclada historia de tener que iniciar el mismo “nivel” de curso, por ejemplo, en inglés, con –otra vez– “the alphabet”, “personal pronouns”, “yes/no questions”, etcétera. 
Muchos estudiantes son convertidos en algo así como “beginners forever”, especialistas en “to be”, “to be going to”, año tras año, curso tras curso, con textos coloridos y técnicas de enseñanza que, en muchos casos, los ridiculizan y que, consecuentemente, producen la deserción; más bien, la expulsión del curso. 
En el proceso educativo, sin embargo, el que tiene la mayor responsabilidad es el que está a cargo de los asuntos administrativos y académicos de la enseñanza: primero, porque es el que impone, en la relación de poder, el plan de estudios –si es que este existe; segundo, porque con ese “plan de estudios” vienen adheridos los libros de texto –acompañados por audio y video para parecer modernos y cuyos índices son, entonces, ese “plan de estudios”–, producidos con un “método talla única” por algún autor “experto” en cualquier otra cosa menos en Costa Rica, y listos para alcanzar las metas de venta. 
 
Los elementos como la infraestructura, los laboratorios y demás que el proveedor del servicio aporte no dejan de ser importantes, pero al final de cuentas, quien debe salir debidamente preparado es el estudiante, con el conocimiento en las neuronas.

¿Qué puede hacer la persona para tomar la decisión de si acepta o no determinada oferta?
Algunas sugerencias se presentan sobre aspectos centrales en cualquier curso, a saber, el método, el proveedor del servicio y el personal docente. 
Sobre el método: los Drs. Jack Richards y Theodore Rodgers, en “Approaches and Methods in Language Teaching”, señalan tres elementos fundamentales: (1) el enfoque, referido a las teorías acerca de la naturaleza de la lengua y del aprendizaje de ésta; (2) el diseño, que incluye los objetivos, el tipo de plan de estudios, el tipo de actividades, el rol del aprendiz, de los profesores y de los materiales; (3) el procedimiento, que incluye las técnicas y las prácticas derivadas del enfoque y el diseño. 
Por lo anterior, solicite a su proveedor de curso que le suministre, por escrito y de manera inteligible, los criterios científicos, académicos y prácticos sobre el método que le vende.
No permita que lo distraigan con el artilugio de que el método utilizado es el más “popular” o que posee “vigencia mundial”. “Popularidad” o “vigencia mundial”, en cursos serios, no son indicadores de calidad. 
La “popularidad” o la “vigencia mundial” son el resultado de la promoción que hace un grupo reducido de mercaderes de la educación con el apoyo de algunos políticos influyentes, como lo indican los autores Canagarajah, en “Resisting Linguistic Imperialism in English Teaching”, y Phillipson en “Linguistic Imperialism”
Igualmente, la “popularidad” o la “vigencia mundial” son el resultado de prestigios fabricados por publicidad masiva. Van Els y otros autores en “Applied Linguistics and the Learning and Teaching of Foreign Languages” señalan que en la enseñanza de lenguas extranjeras “las novedades son divulgadas en notable similitud con los artificios utilizados en ventas”.  
El proveedor del servicio: no permita que lo deslumbren con la infraestructura o los equipos del proveedor. No deja de ser importante la comodidad de las aulas, el acceso a equipos que favorezcan el aprendizaje, pero, recuerde que no está ahí por eso. 
La Dra. Chris Wright, en “The Benefits of ESP” (English for Specific Purposes), ofrece los siguientes argumentos, válidos, por igual, para los cursos de idiomas en general:
“…considere la situación de las escuelas de idiomas locales. Estas necesitan atraer un gran número de estudiantes para sobrevivir… Un grupo de estudiantes con necesidades específicas estudiará demasiado material irrelevante y, aquel relevante, si existe, será tratado con insuficiente profundidad”
Así como sucede en una cita médica, en la que existe un problema específico que resolver, con la misma seriedad debe atenderse su necesidad específica de aprendizaje. Solicite que le suministren, por escrito, cómo será atendido su caso en particular.
Acerca del personal docente, tome en cuenta:
(1). la formación académica del personal docente. No acepte certificaciones de capacitaciones comerciales espurias de pocas semanas, especialmente las circunscritas al Marco Común Europeo de Referencia (MCER; CEFR por sus iniciales en inglés), o a escalas más obsoletas, entre otras, “American Council on the Teaching of Foreign Languages (ACTFL) Guidelines” (aquellas que etiquetaron –y hasta nuestros días- a los estudiantes como “principiante”, “intermedio” y “avanzado”, y que derivaron que una persona sabe algún “porcentaje” de idioma), así como “acreditaciones” obtenidas a través de pruebas estandarizadas (en inglés) que han sido homologadas “a la fuerza” a esas escalas.
Sobre las falencias del MCER –aun no se conocen sus ventajas más allá de las comerciales y adoctrinadoras- que se supone es la escala “moderna”, la literatura científica es vasta. Un ejemplo que le orientará a comprender que los derivados del MCER no poseen base teórica, así como cualquier prueba estandarizada (especialmente de inglés), libros de texto y material digital homologados a ese marco, es el siguiente:
“Los datos sobre los estudios de esas escalas fueron sobre la base de juicios intuitivos de profesores en lugar de muestras de rendimiento. Lo que vemos en las escalas del MCER es, por lo tanto, “esencialmente a-teórico” (Fulcher 2003: 112), una crítica que North y Schneider (coautores del MCER) (1998: 242-243) admiten que es el caso. Desde este análisis, se ha repetido con frecuencia que las escalas no tienen ninguna base teórica o investigativa sobre la adquisición de una segunda lengua (Hulstijn 2007: 666)”. (Fulcher. The reification of the Common European Framework of Reference (CEFR) and effect-driven testing). 
Entonces, cuando le dicen a usted o a sus hijos que está en un nivel “A1”, “A2”, etc., ¿qué significa eso? La carencia de base teórica en los procesos de enseñanza, aprendizaje y evaluación de lenguas que derivan una praxis errónea en el aula, ¿será una de las razones de mayor peso que lo limita en el aprendizaje de lenguas, y sobre la cual se “fundamenta” la política educativa financiada con fondos públicos, y por la cual no se aprende al menos el inglés desde la primaria pública, debiendo pagar más cursos de inglés en la etapa adulta…? 
(2) el conocimiento teórico y práctico de la lengua que enseña, de pedagogía y de andragogía.
(3) la experiencia internacional e intercultural.
(4) el área de interés en la enseñanza –los docentes obligados a enseñar de manera “integral” todos los aspectos de un curso, reduce los costos para el proveedor, pero podría traerle problemas en su aprendizaje.
(5) la vocación y el carisma. 
Buena suerte, y que logre hacer realidad sus valiosas aspiraciones.

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